La gluteoplastia es una intervención quirúrgica destinada a mejorar la forma, el volumen y la proyección de los glúteos, logrando un contorno corporal más armónico y proporcionado.
Este procedimiento puede realizarse mediante implantes glúteos o mediante lipofilling (transferencia de grasa del propio paciente), dependiendo de las características anatómicas y de los resultados deseados.
La cirugía está indicada en pacientes que presentan glúteos poco desarrollados, pérdida de volumen o falta de proyección, así como en aquellos que desean mejorar el equilibrio entre la cintura, las caderas y los glúteos.
El objetivo de la gluteoplastia es conseguir glúteos más firmes, redondeados y con mayor proyección, respetando siempre la proporción natural del cuerpo.

Cirugía Plástica, Estética y Reparadora
Durante la primera consulta, el cirujano realizará una valoración completa del paciente, analizando la forma de los glúteos, la calidad de la piel y la proporción corporal.
En esta consulta se determinará la técnica más adecuada, ya sea mediante implantes glúteos, lipofilling o una combinación de ambas técnicas.
También se explicarán las expectativas de resultado, los cuidados necesarios y las recomendaciones previas a la cirugía, incluyendo indicaciones sobre alimentación, medicación o hábitos como el tabaco.
Se recomienda acudir acompañado el día de la intervención para facilitar el regreso a casa y contar con ayuda durante los primeros días de recuperación.
La gluteoplastia se realiza en quirófano, dentro de una clínica u hospital, generalmente bajo anestesia general.
Cuando se utilizan implantes glúteos, estos se colocan a través de una pequeña incisión situada en el pliegue interglúteo, lo que permite que la cicatriz quede discretamente oculta.
En los casos en los que se realiza lipofilling, se extrae grasa mediante liposucción de zonas como abdomen, flancos o muslos, y posteriormente se purifica e infiltra en los glúteos para aumentar su volumen y mejorar su forma.
La duración de la intervención suele ser de entre 2 y 3 horas, dependiendo de la técnica empleada.
En la mayoría de los casos se recomienda permanecer ingresado una noche en la clínica para un mejor control del dolor y seguimiento durante las primeras horas tras la intervención. El alta médica suele darse al día siguiente de la cirugía.
Durante la cirugía no sentirá dolor, ya que se realiza bajo anestesia. Después pueden aparecer molestias leves que se controlan fácilmente con medicación.
La mayoría de los pacientes pueden reincorporarse al trabajo aproximadamente entre 10 y 15 días después de la cirugía.
La actividad física intensa debe evitarse durante 3 o 4 semanas, retomándose progresivamente según las indicaciones médicas.
Las incisiones se sitúan en zonas discretas, generalmente en el pliegue interglúteo, por lo que las cicatrices suelen quedar poco visibles.
El resultado comienza a apreciarse cuando disminuye la inflamación, generalmente tras varias semanas, mejorando progresivamente con el paso de los meses.